Cuenta las leyendas de mi memoria distorsionada que hubo una vez una criatura parecida al hombre, sus ojos reflejaban la trasparencia de toda la naturaleza, su lenguaje era entendida por todos los seres que habitaban su universo. Pero todo su universo estaba en constante movimiento, y él era inconsciente de eso, no sabia que era, ni necesitaba saberlo, creía que él era todo y todo era él, pero poco a poco fue creciendo, se desmenuzaba su inocencia como el cambio de las hojas de los arboles, a la criatura inocente le llego la época de otoño, el otoño terrible que lo separo de su naturaleza pura. Esta criatura ya quería saber que era, quería experimentar la muerte de otros, su curiosidad provoco un desorden en la armoniosa naturaleza, le provoco miedo, esta criatura dejo de ser bienvenida y se le prohibió volver a ver lo que veían sus ojos, se le prohibió oír lo que oían sus oídos, se le prohibió percibir lo que percibía con su tacto, ese día, aquel criatura se convirtió en hombre y perdió su unidad con el todo. Perdió el camino de regreso a Dios sin a ver salido de donde nació, ese día todo lo olvido.
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