Los segundos asesinan la magia que te prodigo, los minutos en mi mente recorren como filudos cuchillos. El tiempo anciano mantiene sus gemidos, como golpes de puños concisos. Y desaparece el torbellino en tu ombligo, seduciendo al mismo ángel caído y dejando al tiempo añicos
No hay comentarios.:
Publicar un comentario