Anoche tus ojos me empalagaron de su miel nocturna y caí como trozo de piedra en el agua, hundiéndome en la noche casi vacía, como el sonido de un grito desesperado.
Anoche me yacía en las curvas de tu piel taciturna y oculto fumaba una hierva de marihuana, durmiéndome en las calles frías, encontrándome como un perro abandonado.
Fue anoche cuando tus labios invitaron a mis labios a dormir en sus cavernas dormidas, y acepte enrollarme en la tibia humedad de tus besos descalzos, que precipitosos me besaban con locura; aun recuerdo que aquella noche salio la luna.
El humo de la hierva toca tu cuerpo casi imperceptible, entre las sombras y los oscuros te confundía, solo el tacto te sentía y a veces en tu piel el brillo de la luna yacía.
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